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lunes, 13 de agosto de 2012

Tú eres mi única meta, Padre mío, sólo Tú







¿Adónde querría ir sino al Cielo? 
¿Qué podría sustituir a la felicidad? 
¿Qué regalo podría preferir a la paz de Dios? 
¿Qué tesoro querría buscar, hallar y conservar que 
pudiera compararse con mi Identidad?
¿Cómo iba a preferir vivir con miedo que con amor?
Tú eres mi meta, Padre mío. 
¿Qué otra cosa aparte de Ti podría desear? 
¿Qué otro camino iba a desear recorrer sino el que 
conduce a Ti? 
¿Y qué otra cosa sino Tu recuerdo podría significar
para mí el final de los sueños y de las sustituciones
 fútiles de la verdad? 

Tú eres mi única meta.
Tu Hijo desea ser como Tú lo creaste. 
¿De qué otra manera, sino, podría esperar reconocer
 a mi Ser y volverme uno con mi Identidad?


Lección 287 - Un Curso de Milagros





lunes, 2 de febrero de 2009

Jesús - Cristo - Un Curso de Milagros


No necesitas ayuda para entrar en el Cielo, pues jamás te ausentaste de él. Pero sí necesitas una ayuda que proceda de más allá de ti, pues te encuentras limitado por falsas creencias con respecto a tu Identidad.
El nombre de Jesús es el nombre de uno que, siendo hombre, vio la faz de Cristo en todos sus hermanos y recordó a Dios. Al identificarse con Cristo, dejó de ser un hombre y se volvió uno con Dios.
El hombre era una ilusión, pues parecía ser un ser separado que caminaba por su cuenta, dentro de un cuerpo que aparentemente mantenía a su ser separado de su Ser, como hacen todas las ilusiones.
Jesus es un Salvador porque vio lo falso y no lo aceptó como la verdad. Cristo necesitó su forma para poder presentarse ante los hombres y salvarlos de sus ilusiones.
En su completa identificación con el Cristo, Jesús se convirtió en lo que todos vosotros no podéis sino ser. Mostró el camino para que le siguieras. Él te conduce de regreso a Dios porque vio el camino ante sí y lo siguió. Jesús hizo una clara distinción, todavía velada para ti, entre lo falso y lo verdadero. Te ofreció una demostración palpable de que es imposible matar al Hijo de Dios, y de que el pecado, la maldad, la malicia, el miedo o la muerte no pueden alterar su vida en modo alguno ni tampoco la tuya.
Todos tus pecados, por lo tanto, te han sido perdonados, ya que jamás existieron. No fueron más que sueños e ilusiones.
Es él el Cristo? Por supuesto que sí, junto contigo. Mas él permanecerá contigo para conducirte desde el infierno que tú hiciste hasta Dios. Y cuando unas tu voluntad a la suya, verás a través de su visión, pues los ojos de Cristo se comparten.
Es posible leer sus palabras y beneficiarse de ellas sin aceptarle en tu vida. Mas él te ayudaría todavía más si compartieses con él tus penas y alegrías, y renunciases a ambas para hallar la paz de Dios. Con todo, lo que él quiere que aprendas más que nada sigue siendo la lección que vino a enseñar, la cual reza así:


La muerte no existe porque el Hijo de Dios es como su Padre. No puedes hacer nada que pueda alterar el Amor Eterno. Olvida tus sueños de pecado y de culpabilidad, y en su lugar ven conmigo a compartir la resurrección del Hijo de Dios. Y trae contigo todos aquellos que Él te ha enviado para que cuides de ellos como yo cuido de ti.

martes, 27 de enero de 2009

"El ego y la culpa"




El Ego nos hace percibir todo lo negativo de este mundo. El inicio del ego es la creencia de que nos hemos separado de Dios. Al creernos separados de Dios, nos identificamos con el cuerpo olvidando nuestra Esencia. Esto nos lleva a defendernos, creemos que nos pueden hacer daño.
Si el ego es el símbolo de la separación, es también el símbolo de la culpabilidad.
El pecado, la culpa y el miedo es el sistema de pensamiento del ego, es una creencia que tenemos que deshacer, para eso el Padre nos a ha enviado al Espíritu Santo para corregir esta creencia. La culpabilidad es más que simplemente algo ajeno a Dios. Si te identificas con el ego, no podrás sino percibirte a ti mismo como culpable. Siempre que le hagas caso al ego experimentarás culpabilidad y temerás ser castigado.
La mente que está libre de culpa no puede sufrir. La continua decisión de permanecer separado es la única razón posible de que siga habiendo sentimientos de culpabilidad. Los sentimientos de culpabilidad son los que perpetúan el tiempo. Inducen miedo a las represalias o al abandono, garantizando así que el futuro sea igual que el pasado. Dios te ofrece a cambio la continuidad de la eternidad. Cuando te decidas a hacer este intercambio, reemplazarás simultáneamente la culpabilidad por la dicha, la crueldad por el amor y el dolor por la paz. No tienes por qué temer que el Tribunal Supremo te vaya a condenar. Éste simplemente declarará sin lugar el caso contra ti. No puede haber caso contra un Hijo de Dios, y todo testigo que da fe de la culpabilidad de las creaciones de Dios está levantando falso testimonio contra Dios Mismo. Nadie es castigado por sus pecados, y los Hijos de Dios no son pecadores. Cualquier concepto de castigo significa que estás proyectando la responsabilidad de la culpa sobre otro, y ello refuerza la idea de que está justificado culpar. Si Dios sabe que Sus Hijos son completamente impecables es una blasfemia percibirlos como culpables. Si tus hermanos forman parte de ti y los culpas por tu privación, te estás culpando a ti mismo. Y no puedes culparte a ti mismo sin culparlos a ellos. Por eso es por lo que la culpa tiene que ser deshecha, no verse en otra parte. Échate a ti mismo la culpa y no te podrás conocer, pues sólo el ego culpa. Culparse uno a sí mismo es, por lo tanto, identificarse con el ego, y es una de sus defensas tal como culpar a los demás lo es. No puedes llegar a estar en Presencia de Dios si atacas a Su Hijo. En el Cielo no hay culpabilidad porque el Reino se alcanza por medio de la Expiación, la cual te libera para que puedas crear. La palabra "crear" es apropiada en este contexto porque una vez que el Espíritu Santo deshace lo que tú has hecho, se restaura el residuo bendito y, por consiguiente, éste continúa creando. Lo que es verdaderamente bendito es incapaz de producir culpabilidad y sólo puede producir dicha.
*Leer tambien "El jardín del Edén"

sábado, 6 de septiembre de 2008

"No matar al mensajero"

Los mensajeros son las personas que nos van reflejar lo que tenemos que sanar.
No matar al mensajero quiere decir no enojarme con mi prójimo, debo trascender el enojo, ir mas allá de lo que perciben mis sentidos, y ver lo que me esta espejando.
Si lo que me refleja no lo tuviera dentro no lo vería afuera.
Entonces si afuera ves conflicto el conflicto esta dentro de ti.
Cuando hablamos de mensajeros también podemos usar el término “espejos”.

Debemos trabajar con los espejos, todos tenemos a alguien al lado que nos mostrara nuestros defectos.
Si nos molestan las fallas de los demás es porque nos recuerdan nuestras propias fallas.
Cuando me encuentre en un conflicto debo preguntar a Dios: ¿Padre que debo aprender de esta situación? ¿Que me refleja mi mensajero? ¿Que debo sanar?
No debo quedarme atrapada en el conflicto, debo elevar mi nivel de conciencia, y pedir asistencia a Dios