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jueves, 21 de junio de 2012

Fuera del Cielo la vida es imposible










Fuera del Cielo no hay vida. 
La vida se encuentra allí donde Dios la creó. 
En cualquier otro estado que no sea el Cielo la vida
 no es más que una ilusión. 
En el mejor de los casos parece vida, en el peor, muerte. 
Ambos son, no obstante, juicios acerca de lo que no es la vida, 
idénticos en su inexactitud y falta de significado. 
Fuera del Cielo la vida es imposible, y lo que no se encuen­tra en el Cielo
 no se encuentra en ninguna parte. 
Fuera del Cielo lo único que hay es un conflicto de ilusiones, de todo punto
 insen­sato, imposible y más allá de la razón, aunque se percibe como un eterno 
impedimento para llegar al Cielo.
 Las ilusiones no son sino formas. Su contenido nunca es verdad.


Un Curso de Milagros 



martes, 3 de abril de 2012

El Cielo y la tierra - Un Curso de Milagros




"El Cielo y la tierra pasarán" significa 
que no continuarán exis­tiendo como 
estado separados. 
Mi palabra, que es la resurrec­ción y la vida, 
no pasará porque la vida es eterna. 
Tú eres la obra de Dios, y Su obra es totalmente 
digna de amor y totalmente amo­rosa. 
Así es como el hombre debiera pensar de sí mismo
 en su corazón, pues eso es lo que realmente es.



jueves, 7 de julio de 2011

Dar este regalo es la manera de hacerlo vuestro


Hermanos míos en la salvación, no dejéis de oír mi voz 
ni de escuchar mis palabras. 
No os pido nada, excepto vuestra propia liberación. 
El infierno no tiene cabida en un mundo cuya hermo­sura puede todavía llegar a ser tan deslumbrante y abarcadora que sólo un paso la separa del Cielo. 
Traigo a vuestros cansados ojos una visión de un mundo diferente, tan nuevo, depurado y fresco que os olvidaréis de todo el dolor y miseria que una vez visteis. 
Mas tenéis que compartir esta visión con todo aquel que veáis, pues, de lo contrario, no la contemplaréis. 
Dar este regalo es la manera de hacerlo vuestro. 
Y Dios ordenó, con amorosa bondad, que lo fuese.

                                                                      Un Curso de Milagros

viernes, 22 de abril de 2011

Reconozcamos a nuestro Salvador

Meditemos sobre estas frases del Curso de Milagros...
Prestemos atención en nuestra vida diaria quien es nuestro Salvador, los aprendizajes se repetiran una y otra vez hasta que demos el tono correcto.
Cristo nos andará buscando, quizas llame a nuestra puerta.
Tomemos conciencia y no olvidemos ver su rostro en cada uno de nuestros hermanos y el milagro sera manifestado.
Aflorará el conocimiento de que Ambos son uno.
El mundo de los juicios es reemplazado por otro en el que todos los ojos contemplan amorosamente al amigo que les trajo su liberación. 
Y tu hermano percibirá felizmente los muchos amigos que antes consideraba enemigos.

Tienes a mano todo lo necesario para poder alejarte del miedo para siempre con perfecta certeza, y para seguir adelante y llegar cuanto antes a las puertas del Cielo.


lunes, 28 de febrero de 2011

Sobre el Amor - Hafiz

martes, 18 de enero de 2011

miércoles, 27 de mayo de 2009

"No busques fuera de ti mismo"


No busques fuera de ti mismo. 
Pues será en vano y llorarás cada vez que un ídolo 
se desmorone. El Cielo no se puede encon­trar donde no está, 
ni es posible hallar paz en ningún otro lugar excepto en él. 
Ninguno de los ídolos qué veneras cuando llamas a Dios te contestará en Su lugar.
 Ninguna otra respuesta que
 pue­das utilizar como sustituto te proporcionará la felicidad
 que sólo Su respuesta brinda. 
No busques fuera de ti mismo. 
Pues todo tu dolor procede simplemente de buscar en vano
 lo que deseas, y de insistir que sabes dónde encontrarlo. 
¿Y qué pasaría si no estu­viese allí? 
¿Preferirías tener razón a ser feliz? 
Alégrate de que se te diga dónde reside la felicidad, y no 
la sigas buscando por más tiempo en ningún otro lugar,
 pues buscarás en vano. 
Mas se te ha concedido conocer la verdad, y saber que no la debes buscar fuera de ti mismo.

lunes, 2 de febrero de 2009

Jesús - Cristo - Un Curso de Milagros


No necesitas ayuda para entrar en el Cielo, pues jamás te ausentaste de él. Pero sí necesitas una ayuda que proceda de más allá de ti, pues te encuentras limitado por falsas creencias con respecto a tu Identidad.
El nombre de Jesús es el nombre de uno que, siendo hombre, vio la faz de Cristo en todos sus hermanos y recordó a Dios. Al identificarse con Cristo, dejó de ser un hombre y se volvió uno con Dios.
El hombre era una ilusión, pues parecía ser un ser separado que caminaba por su cuenta, dentro de un cuerpo que aparentemente mantenía a su ser separado de su Ser, como hacen todas las ilusiones.
Jesus es un Salvador porque vio lo falso y no lo aceptó como la verdad. Cristo necesitó su forma para poder presentarse ante los hombres y salvarlos de sus ilusiones.
En su completa identificación con el Cristo, Jesús se convirtió en lo que todos vosotros no podéis sino ser. Mostró el camino para que le siguieras. Él te conduce de regreso a Dios porque vio el camino ante sí y lo siguió. Jesús hizo una clara distinción, todavía velada para ti, entre lo falso y lo verdadero. Te ofreció una demostración palpable de que es imposible matar al Hijo de Dios, y de que el pecado, la maldad, la malicia, el miedo o la muerte no pueden alterar su vida en modo alguno ni tampoco la tuya.
Todos tus pecados, por lo tanto, te han sido perdonados, ya que jamás existieron. No fueron más que sueños e ilusiones.
Es él el Cristo? Por supuesto que sí, junto contigo. Mas él permanecerá contigo para conducirte desde el infierno que tú hiciste hasta Dios. Y cuando unas tu voluntad a la suya, verás a través de su visión, pues los ojos de Cristo se comparten.
Es posible leer sus palabras y beneficiarse de ellas sin aceptarle en tu vida. Mas él te ayudaría todavía más si compartieses con él tus penas y alegrías, y renunciases a ambas para hallar la paz de Dios. Con todo, lo que él quiere que aprendas más que nada sigue siendo la lección que vino a enseñar, la cual reza así:


La muerte no existe porque el Hijo de Dios es como su Padre. No puedes hacer nada que pueda alterar el Amor Eterno. Olvida tus sueños de pecado y de culpabilidad, y en su lugar ven conmigo a compartir la resurrección del Hijo de Dios. Y trae contigo todos aquellos que Él te ha enviado para que cuides de ellos como yo cuido de ti.

martes, 27 de enero de 2009

"El ego y la culpa"




El Ego nos hace percibir todo lo negativo de este mundo. El inicio del ego es la creencia de que nos hemos separado de Dios. Al creernos separados de Dios, nos identificamos con el cuerpo olvidando nuestra Esencia. Esto nos lleva a defendernos, creemos que nos pueden hacer daño.
Si el ego es el símbolo de la separación, es también el símbolo de la culpabilidad.
El pecado, la culpa y el miedo es el sistema de pensamiento del ego, es una creencia que tenemos que deshacer, para eso el Padre nos a ha enviado al Espíritu Santo para corregir esta creencia. La culpabilidad es más que simplemente algo ajeno a Dios. Si te identificas con el ego, no podrás sino percibirte a ti mismo como culpable. Siempre que le hagas caso al ego experimentarás culpabilidad y temerás ser castigado.
La mente que está libre de culpa no puede sufrir. La continua decisión de permanecer separado es la única razón posible de que siga habiendo sentimientos de culpabilidad. Los sentimientos de culpabilidad son los que perpetúan el tiempo. Inducen miedo a las represalias o al abandono, garantizando así que el futuro sea igual que el pasado. Dios te ofrece a cambio la continuidad de la eternidad. Cuando te decidas a hacer este intercambio, reemplazarás simultáneamente la culpabilidad por la dicha, la crueldad por el amor y el dolor por la paz. No tienes por qué temer que el Tribunal Supremo te vaya a condenar. Éste simplemente declarará sin lugar el caso contra ti. No puede haber caso contra un Hijo de Dios, y todo testigo que da fe de la culpabilidad de las creaciones de Dios está levantando falso testimonio contra Dios Mismo. Nadie es castigado por sus pecados, y los Hijos de Dios no son pecadores. Cualquier concepto de castigo significa que estás proyectando la responsabilidad de la culpa sobre otro, y ello refuerza la idea de que está justificado culpar. Si Dios sabe que Sus Hijos son completamente impecables es una blasfemia percibirlos como culpables. Si tus hermanos forman parte de ti y los culpas por tu privación, te estás culpando a ti mismo. Y no puedes culparte a ti mismo sin culparlos a ellos. Por eso es por lo que la culpa tiene que ser deshecha, no verse en otra parte. Échate a ti mismo la culpa y no te podrás conocer, pues sólo el ego culpa. Culparse uno a sí mismo es, por lo tanto, identificarse con el ego, y es una de sus defensas tal como culpar a los demás lo es. No puedes llegar a estar en Presencia de Dios si atacas a Su Hijo. En el Cielo no hay culpabilidad porque el Reino se alcanza por medio de la Expiación, la cual te libera para que puedas crear. La palabra "crear" es apropiada en este contexto porque una vez que el Espíritu Santo deshace lo que tú has hecho, se restaura el residuo bendito y, por consiguiente, éste continúa creando. Lo que es verdaderamente bendito es incapaz de producir culpabilidad y sólo puede producir dicha.
*Leer tambien "El jardín del Edén"

¿Qué es la resurrección?


La resurrección, dicho llanamente, es la superación de la muerte o el triunfo sobre ella. Es un redespertar o renacimiento; un cambio de parecer con respecto al significado del mundo. Es la aceptación de la interpretación del Espíritu Santo con respecto al propósito del mundo; la aceptación de la Expiación en uno mismo. Es el fin de los sueños de aflicción y la jubilosa conciencia del sueño final del Espíritu Santo. Es el reconocimiento de los dones de Dios. Es el sueño en el que el cuerpo opera perfectamente al no tener otra función que la de ser un medio de comunicación. Es la lección con la que concluye el aprendizaje, pues con ella se consuma y se transciende. Es la invitación a que Dios dé el paso final. Es el abandono de cualquier otro propósito, cualquier otro interés, cualquier otro deseo o cualquier otro empeño.
La resurrección, al ser la afirmación de la vida, es la negación de la muerte. De esta manera, la forma de pensar del mundo se invierte por completo. Ahora se reconoce que la vida es la salvación, y cualquier clase de dolor o aflicción se percibe como el infierno. Ya no se le teme al amor, sino que se le da jubilosamente la bienvenida. Los ídolos han desaparecido y el recuerdo de Dios brilla en el mundo sin ninguna obstrucción. Se ve la faz de Cristo en toda cosa viviente, y no se mantiene nada en la oscuridad, excluido de la luz del perdón. Ya no quedan pesares sobre la tierra. El júbilo del Cielo ha descendido sobre ella.
La visión ha sido totalmente corregida y todos los errores han sido deshechos. El ataque no tiene sentido y la paz ha llegado. Los pensamientos se dirigen hacia el Cielo y se apartan de la oscuridad. Todo anhelo queda satisfecho, pues, ¿qué queda ahora que no tenga respuesta o que esté incompleto? La última ilusión se extiende sobre el mundo, perdonándolo todo y sustituyendo todo ataque. Se ha logrado la inversión total. No queda nada que contradiga la Palabra de Dios. No hay nada que se oponga a la verdad. Y ahora, por fin, la verdad puede llegar. ¡Vendra cuan pronto se la invite a entrar!
Todos los corazones palpitantes se encuentran tranquilos y llenos de gran expectación porque la hora de lo eterno está por llegar. La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre. Y en su libertad radica el fin del miedo. Ya no quedan en la tierra lugares ocultos que puedan dar refugio a ilusiones enfermizas, a sueños de temor o a percepciones falsas del universo. Todas las cosas se ven en la luz, y en la luz se transforma y se comprende su propósito. Y nosotros, los Hijos de Dios, nos levantamos del polvo y contemplamos nuestra perfecta impecabilidad. El canto del Cielo se escucha por todo el mundo, a medida que éste es elevado y conducido a la verdad.
Ahora no hay distinciones. Las diferencias han desaparecido y el Amor se contempla a Sí Mismo. ¿Qué necesidad hay ahora de otro panorama? Ya hemos visto la faz de Cristo, Su impecabilidad y Su Amor tras toda forma y más allá de todo propósito. ¡Somos santos porque Su santidad en verdad nos ha liberado! Y aceptamos Su santidad como nuestra, como en efecto lo es. Y seremos eternamente tal como Dios nos creó, y lo único que deseamos es que Su Voluntad sea la nuestra. Las fantasías de otra voluntad separada desaparecen, pues hemos encontrado unidad de propósito. Éstas son las cosas que nos aguardan a todos.


Mientras quede una sola mente poseída por sueños de maldad, el pensamiento del infierno será real.
Los que han resucitado de la muerte, tienen como meta despertar las mentes de aquellos que duermen y ver la visión de la faz de Cristo ocupar el lugar de lo que ellas sueñan. Los pensamientos de miedo serán reemplazados por bendiciones. Se abandonan los juicios y se le entregan a Dios. Y en Su juicio final se restaura la verdad del santo Hijo de Dios. Él ha sido redimido, pues ha escuchado la Palabra de Dios y ha comprendido su significado. Es libre porque ha permitido que la Voz de Dios proclame la verdad. Y todos aquellos a quienes antes pensó crucificar resucitan ahora con él, a su lado, según se prepara con ellos para encontrarse con su Dios.

lunes, 8 de septiembre de 2008

"Un Curso de Milagros" (Libro I, texto)

El mundo no acabará destruido, sino que se convertirá en el Cielo.


T-11.VIII.1.8
"Un Curso de Milagros"