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domingo, 15 de septiembre de 2013

domingo, 2 de septiembre de 2012

Los miedos - Un Curso de Milagros








El miedo es un extraño en los
 caminos del amor. 
Identifícate con el miedo, y te vuelves un 
extraño ante tus propios ojos. 
Y de este modo, no te conocerás a ti mismo.



*

Puedes ciertamente permitirte el lujo de
 reírte de los pensamientos de miedo, 
recordando que Dios va contigo 
dondequiera que tú vas.


*

El miedo condena y el amor perdona.


*

El miedo no tiene cabida en una 
mente que Dios ama.

*

La presencia del miedo es señal inequívoca
 de que estás confiando en tu propia fortaleza. 
La conciencia de que no hay nada que 
temer indica que en algún lugar de tu mente,
 aunque no necesariamente en un lugar que 
puedas reconocer, has recordado a Dios y has 
dejado que Su fortaleza ocupe el 
lugar de tu debilidad. 
En el instante en que estés dispuesto a hacer
 eso, ciertamente no habrá nada que temer.



*



Si hay miedo, es que no hay amor perfecto


*

Si hay miedo, éste produce un estado que no existe.





El miedo aprisiona al mundo. 
El perdón lo libera.


*


Hemos visto que tu mente sólo tiene dos partes. 
Una de ellas la gobierna el ego
 y se compone de ilusiones.
 La otra es la morada del Espíritu Santo,
 donde reside la verdad. 
Sólo puedes escoger entre estos dos guías, 
y los únicos resultados que pueden
 proceder de tu elección son el miedo que el 
ego siempre engendra o el amor que el 
Espíritu Santo siempre ofrece para reemplazarlo.


*

Estoy a salvo hoy porque no hay más
 voluntad que la de Dios. 
Siento miedo sólo cuando creo que hay 
otra voluntad. 
Trato de atacar únicamente cuando tengo
 miedo, y sólo cuando trato de atacar 
puedo creer que mi eterna seguridad 
se ve amenazada.


*

Los que están libres de culpa no tienen miedo,
 pues están a salvo y reconocen 
su seguridad


*

No hay hogar que pueda darle cobijo 
al amor y al miedo, pues no pueden coexistir. 
Si tú eres real, el miedo no puede sino ser una ilusión. 
Mas si el miedo es real, entonces eres tú el que no existe.


*

Quien ve a un hermano como un cuerpo 
lo está viendo como el símbolo del miedo.


*

La gracia es la aceptación del amor de Dios
 en un mundo de aparente odio y miedo. 
Sólo mediante la gracia pueden 
desaparecer el odio y el miedo, pues la gracia
 da lugar a un estado tan opuesto a todo
 lo que el mundo ofrece, que aquellos cuyas
 mentes están iluminadas por el don de la
 gracia no pueden creer que el mundo 
del miedo sea real.


*

Aléjate del miedo y dirígete al amor.





martes, 28 de agosto de 2012

El miedo es un engaño - Ni una sola cosa en este mundo es verdad sea cual sea la forma en que se manifieste.










El miedo, de la clase que sea, no está justificado.



El miedo es un engaño. 
Da testimonio de que te has visto a ti mismo 
como nunca podrías ser y, por lo tanto, 
contemplas un mundo que no puede ser real. 
Ni una sola cosa en ese mundo es verdad. 
Sea cual sea la forma en que se manifieste, 
sólo da fe de tus ilusiones acerca de ti mismo. 
No nos dejemos engañar hoy. 
Somos los Hijos de Dios. 
El miedo no tiene cabida en nosotros, pues 
cada uno de nosotros es parte del Amor Mismo.

¡Cuán infundados son nuestros miedos! 
¿Ibas acaso a permitir que Tu Hijo sufriese? 
Danos fe hoy para reconocer a Tu Hijo y liberarlo. 
Perdonémosle hoy en Tu Nombre, para poder
 entender su santidad y sentir por él el amor 
que Tú también sientes por él.



Lección 240 - Curso de Milagros






Una vez que haya aceptado mi santidad, nada podrá atemorizarme.









Mi santidad es mi salvación


Puesto que mi santidad me absuelve de toda
 culpa, reconocer mi santidad es reconocer mi salvación. 
Es también reconocer la salvación del mundo. 
Una vez que haya aceptado mi santidad, 
nada podrá atemorizarme. 
Y al no tener miedo, todos compartirán mi 
entendimiento, que es el regalo que Dios me
 hizo a mí y al mundo.




Lección 58 - 4 (39) -  Un Curso de Milagros






jueves, 23 de agosto de 2012

La alternativa a la proyección - Un Curso de Milagros





Cualquier división en la mente conlleva por fuerza el rechazo de una parte de ella misma, y eso es lo que es la creencia en la separación. La plenitud de Dios, que constituye Su paz, no puede ser apreciada salvo por una mente íntegra que reconozca la plenitud de la creación de Dios. Mediante ese reconocimiento, dicha mente conoce a su Creador. Exclusión y separación son sinónimos, al igual que separación y disociación. Dijimos ante­riormente que la separación fue y sigue siendo un acto de diso­ciación, y que una vez que tiene lugar, la proyección se convierte en su defensa principal, o, en otras palabras, el mecanismo que la mantiene vigente. La razón de ello, no obstante, puede que no sea tan obvia como piensas.   
       
Repudias lo que proyectas, por lo tanto, no crees que forma parte de ti. Te excluyes a ti mismo al juzgar que eres diferente de aquel sobre el que proyectas. Puesto que también has juzgado contra lo que proyectas, continúas atacándolo porque continúas manteniéndolo separado dé ti. Al hacer esto de manera incons­ciente, tratas de mantener fuera de tu conciencia el hecho de que te has atacado a ti mismo, y así te imaginas que te has puesto a salvo.

La proyección, sin embargo, siempre te hará daño. La proyec­ción refuerza tu creencia de que tu propia mente está dividida, creencia ésta cuyo único propósito es mantener vigente la separa­ción. La proyección no es más que un mecanismo del ego para hacerte sentir diferente de tus hermanos y separado de ellos. El ego justifica esto basándose en el hecho de que ello te hace pare­cer "mejor" que tus hermanos, y de esta manera empaña tu igual­dad con ellos todavía más. La proyección y el ataque están inevitablemente relacionados, ya que la proyección es siempre un medio para justificar el ataque. Sin proyección no puede haber ira. El ego utiliza la proyección con el solo propósito de destruir la percepción que tienes de ti mismo y de tus hermanos. El proceso comienza excluyendo algo que existe en ti, pero que repudias, y conduce directamente a que te excluyas a ti mismo de tus hermanos.

Hemos aprendido, no obstante, que hay una alternativa a la proyección. Todas las capacidades del ego se pueden emplear para un propósito mejor, ya que sus capacidades las dirige la mente, que dispone de una Voz mejor. El Espíritu Santo extiende y el ego proyecta. Del mismo modo en que los objetivos de ambos son opuestos, así también lo son sus resultados.

El Espíritu Santo comienza percibiendo tu perfección. Como sabe que esa perfección es algo que todos comparten, la reconoce en otros, y así la refuerza tanto en ti como en ellos. En vez de ira, esto suscita amor tanto en ellos como en ti porque establece el estado de inclusión. Puesto que percibe igualdad, el Espíritu Santo percibe en todos las mismas necesidades. Esto invita auto­máticamente a la Expiación porque la Expiación es la necesidad universal de este mundo. Percibirte a ti mismo de esta manera es la única forma de hallar felicidad en el mundo. Eso se debe a que es el reconocimiento de que tú no estás en este mundo, pues el mundo es un lugar infeliz.




¿De qué otra forma puedes encontrar dicha en un lugar desdichado, excepto dándote cuenta de que no estás en él? Tú no pue­des estar donde Dios no te ubicó, y Dios te creó como parte de Él. Eso es al mismo tiempo donde estás y lo que eres. Esto es algo completamente inalterable. Es inclusión total. No puedes cam­biarlo ahora ni nunca.. Es verdad para siempre. No es una creencia, sino un Hecho. Todo lo que Dios creó es tan verdadero como Él. La verdad de ello radica solamente en su perfecta inclusión en Aquel que es el único que es perfecto. Negar esto es negarte a ti mismo y negarlo a Él, puesto que es imposible aceptar a uno sin el otro.

La perfecta igualdad que el Espíritu Santo percibe es el reflejo de la perfecta igualdad-del conocimiento de Dios. La percepción del ego no tiene equivalente en Dios, pero el Espíritu Santo sigue siendo el puente entre la percepción y el conocimiento. Al per­mitirte usar la percepción de forma que refleje el conocimiento, éste finalmente podrá ser recordado. El ego preferiría creer que es imposible que ese recuerdo alboree en tu mente, sin embargo, es tu percepción lo que el Espíritu Santo guía. Tu percepción acabará allí donde comenzó. Todo converge en Dios porque todo fue creado por Él y en Él.

Dios creó a Sus Hijos extendiendo Su Pensamiento y conser­vando las extensiones de Su Pensamiento en Su Mente. Todos Sus Pensamientos están, por lo tanto, perfectamente unidos den­tro de sí mismos y entre sí. El Espíritu Santo te capacita para poder percibir esta plenitud ahora. Dios te creó para que creases. No puedes extender Su Reino hasta que no conozcas la plenitud de éste.

Los pensamientos se originan en la mente del pensador, y desde ahí se extienden hacia afuera. Esto es tan cierto del Pensa­miento de Dios como del tuyo. Puesto que tu mente está divi­dida, puedes percibir y también pensar. No obstante, la percepción no puede eludir las leyes básicas de la mente. Percibes desde tu mente y proyectas tus percepciones al exterior. Aunque la percepción es irreal, el Espíritu Santo puede usarla provechosamente por el .hecho de que tú la concebiste. Él puede inspirar­ cualquier percepción y canalizarla hacia Dios. Esta convergencia parece encontrarse en un futuro lejano sólo porque tu mente no está en perfecta armonía con esta idea y, consecuentemente, no la desea ahora.

El Espíritu Santo hace uso del tiempo, pero no cree en, él. Puesto que Él procede de Dios, usa todo para el bien, pero no cree en lo que no es verdad. Puesto que se encuentra en tu mente, ésta sólo puede creer lo que es verdad. El Espíritu Santo puede hablar únicamente en favor de eso porque habla en favor de  Dios. Te insta a que le devuelvas toda tu mente a Dios, ya que en realidad tu mente nunca se separó de Él. Si nunca se separó de Él, sólo tienes que percibirla tal como es para que retorne a Él. Tener plena conciencia de la Expiación es, por lo tanto, recono­cer que la separación nunca tuvo lugar. El ego no puede prevalecer contra esto porque ello es una afirmación explícita de que él nunca existió.

El ego puede aceptar la idea de que es necesario retornar por­que puede, con gran facilidad, hacer que ello parezca difícil. Sin embargo, el Espíritu Santo te dice que incluso el retorno es inne­cesario porque lo que nunca ocurrió no puede ser difícil. Mas tú puedes hacer que la idea de retornar sea a la vez necesaria y difí­cil. Con todo, está muy claro que los que son perfectos no tienen necesidad de nada, y tú no puedes experimentar la perfección como algo difícil de alcanzar, puesto que eso es lo que eres. Así es como tienes que percibir las creaciones de Dios, de modo que todas tus percepciones estén en línea con la única manera de ver del Espíritu Santo. Esta línea es la línea directa de comunicación con Dios, y le permite a tu mente converger con la Suya. Nada está en conflicto en esta percepción, ya que significa que toda percepción está guiada por el Espíritu Santo, cuya Mente está fija en Dios. Sólo el Espíritu Santo puede resolver conflictos porque sólo el Espíritu Santo está libre de conflictos. Él percibe única­mente lo que es verdad en tu mente, y lo extiende sólo a lo que es verdad en otras mentes.

La diferencia entre la proyección del ego y la extensión del Espíritu Santo es muy simple. El ego proyecta para excluir, y, por lo tanto, para engañar. El Espíritu Santo extiende al reconocerse a Sí Mismo en cada mente, y de esta manera las percibe a todas como una sola. Nada esta en conflicto en esta percepción porque lo que el Espíritu Santo percibe es todo igual. Dondequiera que mira se ve a Sí Mismo y, puesto que está unido, siempre ofrece el Reino en su totalidad. Éste es el único mensaje que Dios le dio, en favor del cual tiene que hablar porque eso es lo que Él es. La paz de Dios reside en ese mensaje, y, por consiguiente, la paz de Dios reside en ti. La gran paz del Reino refulge en tu mente para siem­pre, pero tiene que irradiar desde ti hacia afuera para que tomes conciencia de ella.

El Espíritu Santo te fue dado con perfecta imparcialidad, y a menos que lo reconozcas imparcialmente no podrás reconocerlo en absoluto. El ego es legión, pero el Espíritu Santo es uno. No hay tinieblas en ninguna parte del Reino, y tu papel sólo consiste en impedir que las tinieblas moren en tu mente. Ésta armonía con la luz es ilimitada porque está en armonía con la luz del mundo. Cada uno de nosotros es la luz del mundo, y al unir nuestras mentes en esa luz proclamamos el Reino de Dios juntos y cual uno solo.




martes, 21 de agosto de 2012

El juzgar - Frases de un Curso de Milagros









Juzgar no es un atributo de Dios


*


Tú que deseas juzgar la realidad no puedes verla,
pues en presencia de juicios la realidad desaparece.



*

No intentes tasar el valor del Hijo de Dios que 
Él creó santo, pues hacer eso es evaluar a 
su Padre y juzgar contra Él. 


*


Recuerda, pues, que cada vez que miras
 fuera de ti y no reaccionas

 favorablemente ante lo que ves, te has juzgado
 a ti mismo, como indigno y te has 
condenado a muerte


*

Todo lo que ves afuera es el juicio 
de lo que viste dentro.

*

Sin juicios, todos los hombres son hermanos, 
pues en ese caso, ¿quién se encontraría aparte? 
Juzgar destruye la honestidad y quebranta
 la confianza.

*

Juzgar es ser deshonesto, pues es asumir un 
papel que no te corresponde. 
Es imposible juzgar sin engañarse uno a 
sí mismo. Juzgar implica que te has engañado
 con respecto a tus hermanos


*


Los juicios siempre entrañan rechazo.






Nadie que ama puede juzgar, y, por lo tanto,
 lo que ve está libre de toda condena


*


Cuando reconozcas lo que eres y lo que tus hermanos
 son, te darás cuenta de que juzgarlos 
de cualquier forma que sea no tiene sentido. 



*



Tal vez creas que juzgas a tus hermanos por 
los mensajes que ellos te envían a ti, pero
 por lo que los juzgas es por los mensajes
 que tú les envías a ellos.


*

No juzgues lo que es invisible para ti, o, 
de lo contrario, nunca lo podrás ver. 
Más bien, aguarda con paciencia su llegada 
Se te concederá poder ver la valía de tu 
hermano cuando lo único que le desees sea la paz. 
Y lo que le desees a él será lo que recibirás.


*


viernes, 17 de agosto de 2012

El cuerpo no forma parte del Reino - Un Curso de Milagros








Dios no creó el cuerpo porque el cuerpo es
 destructible, y, por consiguiente, 
no forma parte del Reino. 
El cuerpo es el símbolo de lo que crees ser. 
Es a todas luces un mecanismo de separación
 y, por lo tanto, no existe. 



Un Curso de Milagros




lunes, 13 de agosto de 2012

Tú eres mi única meta, Padre mío, sólo Tú







¿Adónde querría ir sino al Cielo? 
¿Qué podría sustituir a la felicidad? 
¿Qué regalo podría preferir a la paz de Dios? 
¿Qué tesoro querría buscar, hallar y conservar que 
pudiera compararse con mi Identidad?
¿Cómo iba a preferir vivir con miedo que con amor?
Tú eres mi meta, Padre mío. 
¿Qué otra cosa aparte de Ti podría desear? 
¿Qué otro camino iba a desear recorrer sino el que 
conduce a Ti? 
¿Y qué otra cosa sino Tu recuerdo podría significar
para mí el final de los sueños y de las sustituciones
 fútiles de la verdad? 

Tú eres mi única meta.
Tu Hijo desea ser como Tú lo creaste. 
¿De qué otra manera, sino, podría esperar reconocer
 a mi Ser y volverme uno con mi Identidad?


Lección 287 - Un Curso de Milagros





jueves, 26 de julio de 2012

El miedo no tiene cabida en el presente









No es el presente lo que da miedo, sino el pasado
 y el futuro, mas éstos no existen. 
El miedo no tiene cabida en el presente cuando
 cada instante se alza nítido y separado 
del pasado, sin que la sombra de éste se 
extienda hasta el futuro. 
Cada instante es un nacimiento inmaculado 
y puro en el que el Hijo de Dios emerge
 del pasado al presente. 
Y el presente se extiende eternamente. 
Es tan bello, puro e inocente, que en 
él sólo hay felicidad. 
En el presente no se recuerda la oscuridad,
 y lo único que existe es la inmortalidad y la dicha.



                                                 Un Curso de Milagros






sábado, 21 de julio de 2012

La Unidad - Un Curso de Milagros










No hay nada a tu alrededor que no forme parte de ti. 
Contémplalo amorosamente y ve la luz del Cielo en ello




*




La unidad que existe entre el Creador y la creación constituye 
tu plenitud, tu cordura y tu poder ilimitado. 
Este poder ilimitado es el regalo que Dios te hace
 porque eso es lo que eres. Si separas tu mente
 de dicho poder, no podrás sino percibir la 
fuerza más grande del universo como si fuese débil, 
ya que no creerás formar parte de ella.




*




No hay nada que puedas atacar que no forme parte
 de ti. Y al atacarlo das lugar a dos ilusiones 
de ti mismo en conflicto entre sí. 
Y esto ocurre siempre que contemplas alguna 
creación de Dios de cualquier manera que 
no sea con amor.





 La unidad es lo único que no forma parte de los sueños.





*



La unidad es simplemente la idea de que Dios Es. 
Y en Su Ser, Él abarca todas las cosas. 
Ninguna mente contiene nada que no sea Él. 
Decimos "Dios es"; y luego guardamos silencio, 
pues en ese conocimiento las palabras carecen de sentido. 
No hay labios que las puedan pronunciar, 
ni ninguna parte de la mente es lo suficientemente 
diferente del resto como para poder sentir que ahora es consciente 
de algo que no sea ella misma. 
Se ha unido a su Fuente, y al igual que ella, 
simplemente Es.





*








No hay nadie que no sea mi hermano. 
He sido bendecido con la unidad de la que gozo con el
universo y con Dios mi Padre, el único Creador de la totalidad 
que es mi Ser, el cual es eternamente
uno conmigo.



*


 Eres un solo Ser, unificado y a salvo en la luz, 
la dicha y la paz. Eres el Hijo de Dios, un solo
 Ser, con un solo Creador y un solo objetivo: 
brindar a todas las mentes la conciencia de esta unidad, 
de manera que la verdadera creación pueda 
extender la Totalidad y Unidad de Dios. 
Eres un solo Ser, completo, sano y pleno, con el poder
 de levantar el velo de tinieblas que se abate 
sobre el mundo y dejar que la luz que mora en ti resplandezca
 a fin de enseñarle a éste la verdad de lo que eres.



*


Pues la separación es la fuente de la culpabilidad,
 y recurrir a ella para salvarte es creer que estás solo. 
Estar solo es ser culpable. 
Pues sentir que estás solo es negar la Unidad entre
 Padre e Hijo y; de ese modo, atacar la realidad.




*



Sin ti, a Dios le faltaría algo, el Cielo estaría
 incompleto y habría un Hijo sin Padre. 
No habría universo ni realidad. 
Pues lo que Dios dispone es íntegro y forma parte de 
Él porque Su Voluntad es una. 
No hay cosa viviente que no forme parte de Él 
ni nada que no viva en Él. 




*




El Hijo de Dios será siempre indivisible: 
De la misma manera en que somos uno solo en Dios, 
así también aprendemos cual uno solo en Él



*